Los Volcanes anónimos XXIII – Ngozi

By | 21 enero, 2014
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Aún a día de hoy, Africa, el conocido como continente negro, sigue atesorando una belleza y una atmósfera mezcla de aventura y exotismo que hipnotiza a millones de personas a lo largo y ancho del planeta. Las bellezas naturales con la que cuenta Africa apenas tienen parangón en otras regiones, y no es menos cuando de volcanes tenemos que hablar. Es cierto que un puñado de ellos se llevan una gran parte del pastel de la fama, lo que relega a algunos otros a un papel menos prominente, aunque ese halo mezcla de ostracismo y misterio los hace igualmente atractivos. Para nuestro volcán anónimo de hoy nos vamos a adentrar en el corazón de Tanzania, un país con una gran tradición entre los vulcanólogos del mundo gracias entre otros al Ol Doinyo Lengai, y que probablemente visitaremos en otra ocasión, porque hoy todo nuestro protagonismo se volcará con el volcán Ngozi.

Ngozi

Aspecto del volcán Ngozi a través de esta recreación, interesante para saber cómo luce el volcán si cubierta vegetal.

Este volcán se encuentra en la región de Mbeya, poco conocida ya que se encuentra al extremo opuesto del país en el que se hallan el Lengai y el Kilimanjaro entre otros colosos volcánicos. Además la cercanía de la frontera de Malawi, bastante conflictiva, no invita a que esta región localizada entre dos enormes lagos, Rukwa y el propio Malawi, sea visitada por turistas en busca de este tipo de montañas. A pesar de ello, no es fácil obviar la belleza del territorio que pisamos en el día de hoy.

Ngozi pertenece a la cordillera de Potoro, en la cuenca de Karonga, en la que se dispone de forma transversal. Ngozi es uno de los 6 volcanes que hay en este pequeña cadena volcánica, uno de los cuales por cierto, ni siquiera tiene nombre conocido, lo que deja claro lo poco explorada que está esta zona. Ngozi no es por cierto el mayor volcán de esta región de Tanzania, ese honor está reservado a otro gran desconocido, Rungwe, que supera por poco los 2.900 metros sobre el nivel del mar. Nuestro volcán anónimo por su parte, alcanza los 2.622.

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La caldera presenta grandes muros de hasta 300 metros de altura que encierran multitud de especies vegetales y animales.

Pero vamos a entrar ya en materia con nuestro volcán. Como pasa en este tipo de regiones, Ngozi está fuertemente vegetado, lo que en muchas ocasiones podría hacernos pensar en poca actividad, o pocos datos relevantes. Quizás no es un volcán tremendamente activo, pues sólo se le conocen dos erupciones, pero la información que guarda Ngozi es más que significativa. El volcán es predominantemente traquítico-fonolítico, algo que nos sonará y mucho a quienes vivimos cerca del Teide, ya que la fonolita se encuentra en grandes cantidades en nuestro gigante. La cima del volcán corona en una espectacular caldera de 3 kilómetros de diámetro, que aloja en el sur un enorme lago de 1,5×2,5 kilómetros. Esta caldera y sus dimensiones nos llevan a pensar que el volcán sufrió en algún momento una violenta erupción que “decapitase” una parte del mismo, con lo que probablemente Ngozi habría alcanzado una altura similar a su cercano Rungwe.

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El lago presente en la caldera ocupa el sector sur de la misma, y tiene unas dimensiones de 1,5×2,5 km.

Y lo cierto es que no estamos muy desencaminados. Dataciones realizadas en algunos depósitos del volcán determinar que hará unos 10.000 años, una enorme erupción dio lugar a la denominada Pumita de Kitulo, y que se ha estimado en VEI-5, por tanto toda una erupción en condiciones. Tras este dramático evento el volcán entró en un largo silencio que llegó a su fin aproximadamente hacia el año 1.450 de nuestra era, tal y como se ha podido confirmar por dataciones de Radiocarbono. Esta útlima erupción, de un carácter también explosivo, parece haberse originado en la caldera, así como una serie de conos volcánicos que se encuentran al norte de la misma. En cualquier caso, esta erupción no debió ser pequeña, ya que hay depósitos de flujos piroclásticos pertenecientes a este episodio a distancias de hasta 10 kilómetros al sur del cráter.

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La Caldera de Ngozi, de 3 kilómetros de diámetro, vista desde el espacio.

Desde entonces el volcán vuelve a dormir, quién sabe hasta cuando. Lo que sí constatamos con volcanes como Ngozi es la tremenda diversidad volcánica de un continente como el africano, tan cercano a nosotros y en ocasiones, al igual que sus volcanes anónimos, tan olvidados. Regresaremos a Africa, seguro, nos gusta, y sabemos que muchos volcanes desconocidos aguardan para ser presentados en sociedad….

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